viernes, 3 de julio de 2015

CIVICA BARRIOPEDRO (GUADALAJARA)

En el valle del Tajuña, en la carretera entre Brihuega y Masegoso de Tajuña, en el término municipal de Barriopedro,se encuentra Cívica, un caserío particular formado por un pequeño conjunto urbano, cubierto de frondosa vegetación con arroyos y cascadas surgiendo por todas partes, con grutas, manantiales, escaleras, terrazas, paseos, balaustradas de piedra, rellanos,ventanales, etc.
Un lugar que le confieren un aire misterioso y atrayente, en definitiva un sitio curioso y pintoresco, emplazado en un paraje de gran belleza paisajística, visible a pie de carretera, de cuyas peñas horadadas de piedra blanca cuelgan los hilos finísimos de la bella e hipnotizante catarata,como puedes ver y la cual nos habre las puertas a Civica.
Ninguna hipótesis explica el topónimo Cívica, tal vez se vincule con CIVITAS ‘ciudad’, también como CIVICUS ‘ciudadano’.
Fue aldea o lugar de Tierra de Atienza, en la baja edad Media y a la Diócesis de Toledo, sus dueños en 1441, Antón Díez de Ríos y sus hijos Ruy Gómez de Alcázar y doña Constanza, vecinos todos de Cifuentes, vendieron el lugar a los monjes de San Blas de Villaviciosa, en precio de catorce mil maravedíes incluida la “casa fuerte” que había sobre la roca.
Con los años, estos monjes pusieron aquí en Cívica una fábrica de papel que tuvo escasa vida y corta prosperidad,actualmente constituye un caserío dependiente de Brihuega en lo civil y eclesiástico. Al tiempo esta finca fue comprada por una comunidad de propietarios rurales,el Caserío queda conformado en torno a un patio a modo de plaza denominada “la casa de labor”.
Una de estas casas alberga la ermita de Santa Catalina. Sus muros son de mampostería, apareciendo bajo la cal restos de pinturas,el interior queda cubierto con cielo raso de cañizo,en ella se veneraba la imagen del siglo XX de Santa Catalina, de medianas proporciones, porque en el presente se encuentra abandonada completamente.
Próximo al caserío existe una fuente de siete caños de la que mana agua fresca, abundante y cristalina, que está fechada en el siglo XVIII con arreglo a su inscripción, donde reza “Año de 1797”esta que puedes ver y de la que hablare mas en frofundidad en proximas publicaciones.
Al parecer los frailes que no respetaban los rigurosos principios de convivencia de la Orden en Civica, eran enterrados lejos del cementerio, en el lugar que ahora ocupa una huerta.
Esta minuciosas y loable edificación es fruto de la paciencia y la tenacidad humana de D. Aurelio, cura de Valderrebollo, como consecuencia de verse agasajado en el reparto de la herencia de los terrenos y dependencia de la hacienda,invirtió dinero en el acondicionamiento de los túneles, grutas y pasadizos, que se habían formado por los efectos erosivos del agua y el viento sobre la pared.
Colocó balaustradas en lugares estratégicos, barandillas en las zonas de mayor riesgo y largas escalinatas para facilitar los accesos,aunque no son muy comodas de ascender.
Cada día de su vida salía caminando desde Valderrebollo, daba misa en Yela y continuaba la marcha hasta Cívica (unos 12 kilómetros aproximádamente), hiciese frío, calor o nevase y cuando alguien, al verle paraba el coche y se ofrecía a llevarle, él se negaba y continuaba su andadura Las obras las realizaba con cuadrillas de albañiles, una veces con los de Cogollor, otras con los de Valderrebollo… 
Así hasta que puso fin a su obra allá por los años 60,el trabajo del cura fue aireado y por aquello de sacarle partido, se instaló un establecimiento de bebida con terraza, conocido popularmente como «el bar del cojo» o de Severiano que estuvo al frente del bar hasta hace poco más de veinte años que se cerró definitivamente y que podemos visitar por estar sus puertas abiertas, fruto de la violencia de algún vándalo, de este modo podemos contemplar las pilas en las que Severiano llenaba con un chorrito constante de agua del manantial, que servía para enfriar los refrescos porque «no había luz eléctrica».
No obstante, donde mejor se advierte el impresionante trabajo de ingeniería desarrollado por estos desconocidos y anónimos topos humanos o fraguels, es en el primer nivel de cuevas situado en la parte principal y más destacable del promontorio rocoso.
Donde el terreno se ve delimitado por una cerca de piedra, de idéntica factura a las que sirven de balconcillos o balaustradas de los pisos superiores y que posiblemente circundara, en tiempos, algún huerto, aunque en la actualidad constituya una pequeña selva, donde la vegetación campa a su libre albedrío.
La entrada, similar a la cueva de estilo ojival en puertas y ventanas, reserva, sin embargo, ciertas curiosidades que merecen la pena reseñarse,de dimensiones aceptables, contiente cuatro espacios o celdas, perfectamente delimitados, comunicados entre sí por aberturas de forma ojival, labradas en la roca como se observa.
Se advierten trabajos de albañilería en los que se utilizaron rocas y cantos para levantar un muro de separación, de manera que se tiene la impresión de que los habitáculos fueron amoldándose a medida de los inquilinos que iban a ocuparlos lo hacía necesario.
En el habitáculo situado a mano derecha, según se entra, aparte de las alacenas de piedra, se localiza una columna en su parte central esta que puedes ver.
La altura no representa ningún problema y permite caminar con toda comodidad por el interior de la cueva,no se advierten marcas ni señales, grabadas en la roca y para ser honestos, tampoco es posible especificar en qué época y por quién se realizaron estos trabajos.
Pero el lugar, sin duda, resulta de lo más interesante  y no hay que descartar, a priori, sorpresas en este sentido si se tuviera la oportunidad de poder realizar una exploración a fondo en las cuevas del nivel superior.
Y así donde antes hubo un magnífico jardín, en el que predominaba el color y el aroma de los lirios, ahora es un yermo,Don Aurelio no dejó descendencia directa, pasando la propiedad a manos del ama de llaves, que residía en Valderrebollo, al fallecer ésta pasó a manos de sus sobrinos que lo mantienen en el más absoluto abandono.
Es obligado hacer una parada para contemplar las caprichosas figuras que el agua, el viento y el hombre han ido formando sobre las paredes, ya que con la llegada de los calores estivales Cívica se convierte en un lugar privilegiado, por disfrutar de suave rumor de la corriente del Tajuña.
Tambien podemos encontrar el bar nuevo frente a la fachada de Civica no es muy grande pero el lugar priviliegiado donde se encuentra lo engrandece.
Este bar atrae tanto a pescadores como a viandantes,un lugar donde ir a pasar el dia sin ninguna duda y donde te puedes dar un pequeño baño si el tiempo acompaña.
Una ciudad digna de a ver alojado a fraguels jijiji.

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